martes, 25 de agosto de 2009


Yo era una muchacha tranquila hasta que di con mi sueño más dorado, que era un hombre algo mayor que yo: él tenía 28 y yo 15 para mi favor (favor dudoso). Empezó por regalarme dos camisas y un vestido para que yo se los diera a mi mamá, a eso le siguió una lluvia de pequeños regalitos para mí (para mi entierro). Hasta me froté las manos cuando supe que vivía solo desde que por fin se divorció; y en su casa hice meriendas, comidas y desayunos hasta engordar (casi reviento, como verán). Lo tenía todo, y me puse ociosa, me pasaba el día de la lectura al amor: "¿Qué quiere mi dueña? ¿Qué quiere mi encanto?" me decía con voz azucarada si me iba a mover.

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