A mis cuarenta y quince, de madrugada, en un coche sin frenos, que va frenando, setenta veces siete, vuelvo a Granada porque mil y una noches pasan volando. Verso a verso, maestro, venga otro vino, Ríos de buena tinta, vinagre y cal, lamparón de la lámpara de Aladino, Elliot Ness y el Padrino, tal para cual.
Sin miedo al tobogán, por amor al arte, si lo escuchas, vecina, sin vacunarte, te crece un sarpullido rojo en la piel. Mataba Victorinos cuando Guisando, te cuela cien canciones de contrabando, sesenta corazones para Miguel.
Hace 10 años

No hay comentarios:
Publicar un comentario